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Tres razones para cambiar una palabra

Vaya por delante que no soy, ni sicólogo ni sociólogo, aunque son dos áreas del conocimiento que realmente me interesan, pero si me considero una persona observadora y reflexiva. Asi pues, reconozco que esta entrada no tiene ninguna base científica y únicamente se basa en mis propias observaciones y opiniones.

Desde hace unos años, por motivos profesionales, he tratado y trabajado con personas mucho más jóvenes que yo. Hemos trabajado en su desarrollo personal y profesional, con resultados dispares en base a muchos factores, principalmente del entorno personal de cada uno de ellos y ellas.

Como parte de mi trabajo, observo su patrones de comunicación, el modo en que comparten, argumentan, rebaten y se involucran en discusiones sobre temas que, a priori, pueden ser de su interés. Una parte importante es el vocabulario que utilizan y, más aún, los patrones pre construidos que utilizan como dogmas comunicativos al mismo tiempo que como placebo para su tranquilidad personal.

Me refiero en concreto al modo en que, frente a un reto alcanzable, a una realidad de la que no eran conscientes y que abre nuevos caminos para su desarrollo, reaccionan. Un altísimo porcentaje de ellos comienzan su argumentación, con un “Si, pero “.

Desde hace un par de meses, tengo la suerte de contar con un grupo de colaboradores, de nuevo mucho más jóvenes que yo, que cuentan con una formación académica envidiable, muy superior a la media de las personas con las que habitualmente he trabajado. El “sí, pero “está igualmente instalado en su subconsciente como comodín de respuesta ante propuestas atrevidas y diferentes.

Esa expresión, “si pero”, es uno de los primeros obstáculos que hemos de vencer en lamente de las personas de nuestro entorno, si lo que queremos es una sociedad que avance y que afronte nuevas ideas y un cambio, declaradamente necesario, que nos haga volver a la senda de la construcción de una sociedad más igualitaria, cohesionada y solidaria.

Ante una propuesta, la expresión “sí pero”, deja que ésta pase por nuestra mente de un modo fugaz, obviando las oportunidades que se pueden abrir, para pasar a centrar los esfuerzos creativos y comunicativos en la búsqueda del escollo que la hará inviable. De este modo nos reconfortamos internamente y evitamos el malestar que puede producir en nosotros tener conocimiento de que algo que nos interesa es posible, y no estamos dispuestos a esforzarnos por conseguirlo. Ponemos un “pero”, desmontamos la viabilidad de la propuesta y… respiramos tranquilamente.

La innovación, y con ella el progreso en todas sus vertientes, precisa de un cambio de lenguaje. Hemos de provocar una transformación de ese,”si pero , “en un “sí y”. Y esto es necesario por tres razones principalmente:

1. Mientras “pero” se aferra a un obstáculo y lo refuerza, “y” abre el camino a discutir sobre él, a buscar vías alternativas para construir el camino hacia un objetivo concreto.

2. La palabra “pero” nos induce a centrarnos en los aspectos negativos de una cuestión mientras que “y” abre espacios de debate y avance.

3. El optimismo que subyace en la expresión “y “nos impulsa añadir energía a nuestros pensamientos.

Es un cambio sencillo en la forma de expresarnos que, aunque parezca algo nimio, nos ayudará a la hora de enfrentarnos a los innumerables retos que nuestro entorno nos está planteando hoy en día.

Tú qué piensas al respecto?

@voroperez

 

21. agosto 2012 by voroperez
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